miércoles, 30 de marzo de 2011

OJO CON EL OJO DE POLLO... (capítulo II)


Bien... No sé ni por dónde empezar... En primer lugar, decir que como prometí, ayer asistí a la cita.

A las 18.00 horas estaba frente a la puerta preparada para sacarme el dichoso ojo de pollo incrustado como un OKUPA en mi pie. Decidida a realizar el desalojo, ya me veía saliendo de allí y pudiéndome poner cualquiera de mis zapatos o botas excepto las UGG... Pero por otro lado, me atormentaba un poco la idea del dolor... ¿Por qué no me respondió claramente la mujer cuando le pregunté si me dolería?

En fin, entré, saludé y la mujer (que siempre es muy amable y amorosa) me dijo que pasara y que me acomodara en la camilla. Yo insistí:

- Pero, ¿me va ha doler?
- Tu tranquila, uuuy... Pero qué nerviosa vienes... Mira, ¡si estoy más que harta de sacarlos! Ahora yo te pongo el pie en remojo y ya verás que será un momento de  nada.
- Ya, ¿pero me dolerá?
- ¡Estás muy nerviosa! ¡Tranquilízate! 

Entonces yo pensé: "conclusión, me dolerá un montón. Porque la mujer no me lo quiere decir, será por alguna razón..." Total, me estiré, y puse los pies en remojo; yo hice caso de todo (de momento). Me puso unas burbujas en los pies con toda la buena intención para masajearlos mientras esperaba. El pie de las narices me molestaba de mala manera. El solo hecho de apoyarlo en los pequeños picos de "masaje" me hacía ver las estrellas. Debería haberme tomado una tila...

La mujer me daba conversación. Y yo dale que te pego, dándole a la cabecita. Soy incapaz de recordar qué hablamos. Sólo pensaba que me dolería... 

Pasaron 15 minutos. Llegó el momento. Me sacó los pies y me los secó, repitiéndome que me veía muy nerviosa y que me calmara, que sería un momentito... Y mientras me hablaba, se giró y cogió el "utensilio" para la extirpación del OKUPA. Y cuando volvió  a girarse vi que llevaba en las manos una especie de alicates de corte, como las que tiene mi príncipe en su súper caja de herramientas. 

- ¿Eso es para mi pie o estaba aquí porque has hecho algún empalme con un cable? ESO es lo que vas a utilizar?
- Por favor, pero que no te asustes, estás son las pequeñitas, tu tranquilízate, como estás de nerviosa!
- ¡¿Esas son las pequeñas?! ¡Pero eso me va a doler mucho! 

La mujer siguió con su intento de discurso tranquilizador (absolutamente inútil). Si antes tenía miedo, desde el momento que vi ESO ya estaba temblando y sudando: "¡Eso no puede ser para mi pie! ESO es enorme, peligroso, un material de obra, no para mis pies por favor... Ya vamos mal."

La mujer encendió su súper lupa iluminada y pretendió cogerme mi pie. Y digo pretendió porque a la que me cogió el pie, lo retiré. Os juro que fue un acto involuntario y reflejo. La mujer se quedó mirando perpleja detrás de la lupa y cuando la miré le vi esa cara deformada por la enorme lente y no pude evitar  echarme a reír.

- ¡Pero déjame! - insistía ella- Que ya verás que no es para tanto, estás tan nerviosa que tu te piensas que te va a doler más de lo que será. Sólo hago pim, pim, pim y ya está. Venga, déjame. Que ya verás que bien estarás cuando te lo saque.

Yo hice un pequeño esfuerzo de confianza y le entregué mi pie, avisándola antes que a lo  mejor sería buena idea sacar de allí el aparato masajeador con agua, por si a caso volviera a tener una reacción involuntaria con mi pie... Ella lo sacó mientras me insistía en la necesidad de que estuviera tranquila y que no moviera el pie... 

Y en un momento la mujer me cogió el pie y ¡zas!... ¡Pero qué dolor! ¡Me cortó con esas enormes alicates un trozo de piel! ¡AH! ¡Qué horror, qué molesto, qué agobio! Y venga a sudar y ella repitiendo el mismo discurso y yo que al final exploto: "Ves como duele! Por eso no me respondías... Yo necesito que me digan la verdad, y entonces me hago a la idea y vengo preparada. No me digas que no duele si duele. Y no me vale que se lo hagas a mucha gente porque también operan de columna a mucha gente y duele."

La mujer me calmó un poco y le volví a confiar mi pie. El dolor había bajado un poquito. Entonces otra vez... ¡zas! Retiré el pie como si fuera un potro dando una patada, le di a la lupa, casi me caigo de la camilla y me la miré: 

- No puedo. Ahí se queda el trozo de gallo este...
- Pero bueno, será esta la primera vez que no podré sacar un ojo de pollo. De verdad que es una pena ahora ya llevo dos cortes, ya sólo me falta un poco más y luego ya me acerco al medio y es un momento de nada arrancarlo. 
- ¿Arrancarlo? Si esto me ha dolido no me quiero ni imaginar qué pasará cuando llegues al centro. Ni hablar, lo siento mucho, de verdad. Déjame que me lo piense, que me mentalice, que me tomé tres tilas y un relajante muscular y ya te vuelvo a pedir hora. Ahora no puedo. No, no...
- Pero confía en mi, si te digo que tengo experiencia. Ves a un podólogo, ya verás que ahí te dolerá más. Te pondrán anestesia y el pinchazo será horroroso.

¿Anestesia? ¿Por qué no lo dice antes? ¿Algo que puede requerir anestesia y yo a lo bruto? Ni hablar, yo no soy tan valiente para estas cosas... Y miré mi pobre pie dolorido, que tiene dos cortes alrededor de ese maldito ojo OKUPA, ¡qué pena de pie!... Con lo bonito que es... Entonces la mujer me cuenta que a lo mejor se ha torcido por dentro y por eso duele tanto... Y yo me voy quedando blanca con sus explicaciones... ¡Que aquí se cuenta muy rápido, pero estuvimos una hora en total! Al final esto va a acabar muy mal, ya me lo veo...

Le pedí mil disculpas, pero me volví a poner las UGG y me largué. Cojeando más. Me fui derecha a la farmacia más cercana y le dije a la señorita si tenía alguna cosa para los ojos de gallo. Al final me dió unos parches. Cuando llegué a casa, a parte de ver a mi príncipe muriéndose de la risa de mi (porque ahora encima me duele más, como si pisara una chincheta), me puse el parche... En las instrucciones dice que me lo tengo que dejar de dos a tres días... Ya veremos lo que pasa... Ahora ya estoy sufriendo pensando en el momento que retire el parche...

Eso sí, si tengo que volver ahí o al podólogo me voy a tomar y beber lo que haga falta para no sentir nada... Qué manera de hacer el ridículo... 

martes, 29 de marzo de 2011

OJO CON EL OJO DE POLLO... (capítulo I)



Hoy he sido muy valiente y por fin he tomado una decisión.

Pero primero, os pongo en situación: hace un par de meses que me ha salido una cosa en la planta del pie. No es una verruga plantar ni tampoco un juanete, es lo que se llama un ojo de pollo.

Para empezar, ¿quién llamo a esto un ojo de pollo? Y por qué? De verdad que miro mi pie y miro una foto de un ojo de un pollo y no le veo las coincidencias... 

En fin, que en un principio pasé del tema: sentía como si me hubiera clavado algo en el pie, pero pensé que ya se pasaría, que seguro que me había clavado alguna cosa por culpa de mi manía de ir descalza. Al cabo de unos días, ya me dolía bastante cuando andaba, pero bueno, me permitía ponerme una serie de zapatos y botas.

En un mes ya sólo me podía poner unos zapatos: unas botas UGG que tengo (suerte que al menos tengo tres modelos diferentes...). Es una bota muy cómoda, pero en ciertas ocasiones, va a ser que no tocan... Y así llevo otro mes más... Pero claro, queridos amigos, la primavera se acerca y ya no es plan de ir con esas botas por la calle...

Pero no he ido al médico... Lo sé, no tiene explicación. Pero estoy segura que me harán mucho daño. A parte, ahora sé lo que es, pero durante mucho tiempo no estaba segura. Al final he descubierto que estas cosas son más habituales de lo que yo pensaba y que la gente tiene verrugas plantares, ojos de pollo, callos y juanetes. Pero como no vamos por el mundo contando el estado de nuestros pies, parece que cuando te pasa a ti, nadie sabrá ni de qué hablas.

Total, que desde hace unos 15 días me duele mucho a cada paso que doy o cuando estoy quieta... El solo roce con la mano ya me molesta. Y la semana pasada, me fui al centro de estética al que habitualmente voy y al ponerme de pie la mujer me preguntó qué me pasaba. Se lo conté. Y ella me dijo muy entusiasmada: "¡uy, eso lo quito yo! Aquí tengo mucha gente que me viene para que les saque esto. Eso no es nada, pero nada de nada. Tu ven cuando puedas y ya verás que saldrás de aquí andando como nueva. No puedes ir así, eso hay que sacarlo."

Así que me he decidido: mañana voy a que me saquen este ojo asqueroso que se ha instalado en mi pie. Pero voy a confesar: estoy muerta de miedo... Seguro que me duele mucho, la mujer no me respondió claramente cuando le pregunté si dolía; sólo me dijo que "será un momento". Y cuando no te contestan lo que has preguntado será por algo...

¿Y si lo anulo? ¿Podría esperar un poco a ver qué pasa? Estoy un poco dudosa... Mañana os contaré qué ha pasado. Iré, os prometo que iré.

lunes, 28 de marzo de 2011

Comportamientos



Situación: primera hora de la mañana. Consulta de un médico. Sala de espera: un matrimonio encantador de la tercera edad, un matrimonio con una niña de unos 4 años, una madre con su hija de unos 5 años, un matrimonio con un niño de 7 años, un hombre y servidora.

Me siento preferentemente, como hacemos todos, dónde vemos que al menos quedan un par de sillas vacías, para no incomodar ni molestar. Abro mi bolso y cojo mi Iphone para hacer un repaso a alguna de las aplicaciones para matar la espera.

Me distraigo con la fantástica intervención de la niña de 4 años que les pregunta a sus padres: ¿Cuándo lleguemos a casa podré jugar? y su padre les responde: "No." Y la niña, repito, encantadora le pregunta que por qué no y insiste aunque sus padres ya le han dicho que era una broma, que claro que podrá jugar, pero ella muy preocupada sigue argumentando a favor de poder jugar un rato.

Sigo mirando mi Iphone... ¡Uy! Un golpe en mi espalda... qué raro, detrás mío sólo hay pared... Me giro, la otra niña se está dedicando a pasar por detrás de los asientos a riesgo de engancharse el cuello que le queda a la altura del final del respaldo. Me reincorporo, a ver si a la pobre niña le pasa algo. Su madre se percata, pero está hablando por teléfono y sencillamente le dice: "Cariño, no pases por ahí." Pero la conversación telefónica le resulta más interesante o más urgente aunque a juzgar por las risas y el tono, no es algo de importancia. La niña dale que te pego con pasar y volver a pasar.

Me empieza a temblar el ojo izquierdo... ¿Es que no pueden enseñar a sus hijos a estar quietecitos? O al menos a no pasar por detrás de las sillas. ¡Es peligroso, es que se puede hacer daño! Y aún quedaré yo como una insensible versus a los niños... Ni hablar, no estoy de acuerdo. Me gustan los niños, me encantan. Me gusta desmadrarme con ellos, pero hay cosas que no tocan. Esta madre, debería de observar con atención lo que hace su hija. Primero porque podría hacerse daño, y segundo porque molesta a la gente.

La prueba está en que esa encantadora pareja de ancianos que estaban ahí, cuando se levantaron porque los llamó el médico, fueron literalmente atropellados por la niñita asesina que seguía corriendo sin control.

Pero lo más sorprendente del tema, es el padre que está con su hijo. El niño se comporta perfectamente. Está tranquilo. Pero el padre está histérico. No para de mover su pierna, y como yo estoy a su lado, me veo zarandeada sin descanso por el interminable movimiento de su padre. Que pesadez por favor, que tio tan cansino. Lo miro, no se da cuenta. Pasa un rato. Me digo: ya parará. No para.

"Quieres para de una vez de moverte? Nos estás moviendo a todos! ¿¿¿No te das cuenta??? Me estás poniedo histérica." Eso lo pensé, pero no lo dije...

Me levanto y me cambio de sitio. ¿Cómo puede ser que el padre sea peor que el hijo? No siempre uno aprende de sus padres, a veces los padres deberían aprender de sus hijos... Y situaciones de estas veo cada día. Es como cuando al cruzar la calle los adultos con el carrito del niño asoman su cabeza con el carrito del niño delante, es decir, sacan el carro del niño primero. ¿Entonces qué miran? Si sacan el carro primero, si viene un coche se lo llevará por delante! 

De verdad que hay cosas que no entiendo... 

domingo, 27 de marzo de 2011

TELECOMERCIALES

No sé a qué hora soléis ir a dormir. A mi me cuesta mucho conseguir ir a la cama temprano, soy una ave nocturna. 

Por la noche veo una película, leo, escribo, etc. Y a veces pongo la tele sólo para hacer una ojeada (aunque habitualmente no hacen demasiadas cosas interesantes). Pero lo más triste es que llegados a una hora prácticamente todas las cadenas hacen información comercial o unos programas patéticos como concursos.

De verdad os digo que no entiendo cómo hay gente que llama a estas cosas... De alguna manera tiene que funcionar porque no me creo que eso sea en directo. No es posible... Antes siempre teníamos esos anuncios de la tienda en casa o similar que te muestran las fantásticas propiedades de un objeto o máquina con un video cutre en el que nos intentan convencer que necesitamos ese aparato, porque la vida es mejor, más fácil con él. O sino aparecía un aparato para tener una figura maravillosa que sin hacer nada haría que nuestro cuerpo se volviera como el de un atleta. (¿Alguien se lo cree?)

Seguimos con esos anuncios, algunos hay. Pero desde hace un par de años han irrumpido unos programas de tipo Llama y gana, que aún son peor: una chica o un duo chico-chica nos presentan un dificilísimo concurso en el que nos podemos hacer millonarios con sólo una llamada. Sólo tienen una calificación: patéticos. La presentadora, que acostumbra a ir vestida como si estuviera en una discoteca, nos muestra una sopa de letras nivel niños y no para de insistir en que llamemos. 

Me da pena. Parece que esté sola porque a veces se pasan minutos sin que nadie llame y debe hacer un discurso largo y repetitivo para que la gente llame. También he visto que en algún programa sale una de las exconcursantes de Gran Hermano. Bueno, supongo que las consideran un reclamo... 

Pues a mi me dan pena. Se las ve colgadas, la mayoría no saben estar delante de la cámara. Supongo que saben que están ahí no precisamente por su profesionalidad... 

Luego hay la tercera opción: el tarot. A veces son piedras, cartas, o qué sé yo. Vamos, señoras que te adivinan el futuro. Pues yo pensaba que eso no era en directo. Pero el otro día presencié una llamada (la primera de la noche) en el que un tío acababa diciendo una barbaridad (que me hizo mucha gracia por cierto) y ella no sabía ni qué decir. Debe ser que es en directo, porque si estuviera preparado no hubieran puesto una llamada con tal obscenidades.

En definitiva: es una pena que pongan estos programas patéticos en la tele. Preferiría que pusieran reposiciones de películas o documentales de baja audiencia. Al menos señores de la tele, no hagan lo mismo que las otras todas. Sabemos que estos programas existen, pero no conozco a nadie que mire estas chicas más de 5 minutos... Pero debo ser yo que no lo entiendo, porque si están ahí, es porque hay audiencia...


sábado, 26 de marzo de 2011

UNA NIÑA TRAS LA PELOTA


El pasado fin de semana fui a ver un partido de fútbol de una liga infantil. Los niños tenían más o menos nueve años. 

¡Qué gracia tan delgaditos con esas piernas como alhambres! Me lo pasé genial. Esperaba ver uno de esos espectáculos divertidos en el que los padres se lían a insultar al árbitro (o entre ellos). Pero nada de nada, hubo un pequeño roce sin importancia... Otra vez será...

Pero también me encontré con una situación "incómoda". Estaba sentada en la grada, junto a otros visitantes y espectadores; madres, padres, abuelos, amigos, etc. Así que los comentarios eran constantes y sin conocerse demasiado comentaban las jugadas de los niños entre ellos. 

El tema es que en uno de los equipos había una niña. Sí, todo niños menos una niña. Y como no, la pobre ya creó tema en la grada. Parece mentira, que hoy en día se escuchen este tipo de comentarios: "Uy, pues no juega mal por ser niña." Y al cabo de un rato: "La niña lo hace bien, eh? Mira tú..." Y como estas, varias frases más... 

¿Y estos son los que están educando a las futuras generaciones? Queridas niñas, id olvidando vosotras también la palabra igualdad, porque tampoco la viviréis... Y aunque me pese, fue el género femenino propiamente las que más se extrañaron de ver a la niña allí. También algún hombre lo comentó, pero las mujeres eran las que más lo hablaban... No me entra en la cabecita... No solo eso, sinó que me repugna.

Luego verás a esas mismas mujeres ondeando una idea de igualdad con cualquier otro tema... Pero si son ellas mismas las que no son coherentes... Me parece patético. Es como un obrero de derechas o un multimillonario socialista... no encaja.

Yo tampoco soy de esas que defiende la igualdad en todo y en cualquier ámbito: creo que las mujeres y los hombres son diferentes (salta a la vista) y por ello hay cosas que se nos dan mejor a las mujeres y otras que se les dan mejor a los hombres. Admitámoslo, es así. Pero ello no quiere decir que una persona del otro género no sea igual de válida en un ámbito concreto. Lo que está claro es que el trato debe ser el mismo en cualquier ámbito.

Pero en este caso en concreto (que me voy de tema), si esa niña en lugar de llevar cola, hubiera llevado el pelo corto, nadie hubiera notado nada. Porque no tenía ningún signo de mujer todavía. Es patético que por llevar una cola ya la catalogaran de mala jugadora. 

En un momento en concreto la niña se paró a atarse la bamba porque el árbitro se lo ordenó. Y al volver a empezar la jugada, le dieron la pelota a ella (cosa mal hecha porque antes de parar el juego para que se atase las deportivas ella la había perdido). Y en ese momento un señor dijo: "Eso es discriminación positiva, porque es una niña le dan la pelota."

Hombre, pues tampoco. A lo mejor eres tu el que le ha dado un significado extra. A lo mejor si la misma situación hubiera pasado con un niño, hubieras dicho: "Como se nota que el árbitro es de su equipo". Y entonces sí, porque se notaba y porque antes de empezar el partido, el árbitro jugaba con esos niños y los conocía a todos por su nombre.

Como conclusión, quiero que quede claro que no frivolizo sobre este tema, al contrario, estoy diciendo que existe una desigualdad que no debería estar, porque las consecuencias a la larga pueden ser nefastas como vemos en nuestras sociedades.

jueves, 24 de marzo de 2011

SON PEQUEÑOS, NO IDIOTAS

Este fin de semana estuvimos en una comida de amigos. Hicimos carne a la brasa. Me encanta... 

Es un poco asqueroso dependiendo de lo que comas, pero obviamente ni se me ocurre cogerlo con las manos... En fin, al final fuimos muchas parejas, porque estos amigos decidieron juntar a mucha gente para celebrar que este año estrenan casa nueva y gozar un poco del sol de primavera.

Estuvo muy bien, había gente a la que no conocía y otra que sí. Entre todos, había tres parejas que vinieron con sus niños. Pero los niños eran pequeños. Había dos bebés de 8 meses más o menos y luego tres niños más de 2, 4 y 5 años. 

Y una vez más lo de siempre: ¿Por qué hablan a los niños pequeños como si fueran tontos? Es decir, no me refiero a la melodía de las frases. Eso está comprobado que cuando el bebé tiene pocos meses le llama la atención. O sea, normal. Pero cuando tiene un año y medio, dos o tres, por qué les siguen hablando como si fueran bebés? 

Y aún peor, ¿por qué limitan el aprendizaje de su lenguaje con denominaciones estúpidas a las cosas? La carne es carne, no chichi. Es como los Teletubis, que son la cosa más nefasta del mundo: cuatro muñecos hablando como idiotas. ¿Eso deben aprender? Y ellos dale: "ay gugugu tatataaaa".

La sopa es la sopa, no el suco. Y cuántos diminutivos por favor. El bañito, la sopita, la mantita, los zapatitos... ¡Estos niños van a crecer lentos! Y otro clásico: las mamás resoplando, pero luego se acerca el padre y lo coge y al pobre hombre le cae un chapuzón:

- No lo cojas así, que no es bueno.
- No le hagas reír ahora.
- No le digas esas cosas...
- Cuidado con la cabeza...

NO, NO,  NO,... El niño crecerá pensando mal... No entiendo nada... ¿Por qué tienen niños con hombres que no ven capaces para cuidarlos? A lo mejor soy yo que no lo tengo bien entendido, a lo mejor soy demasiado optimista. Pero yo no lo haría...

Y Tomé una decisión. Yo no quiero ser así. Me da mucho miedo... ¿Y si me transformo algún día en una madre que no confía en la capacidad de su marido? ¿Cómo le hablaré a un niño? No, decidido, yo no le hablaré a un niño como si fuera tonto. Y al padre tampoco...



martes, 22 de marzo de 2011

MI PRÍNCIPE NO ES DE DISNEY



Hoy quiero hacer una reflexión para que quede clara mi opinión acerca de los príncipes.

Yo, como habéis leído en muchas ocasiones, considero que tengo un príncipe a mi lado. No sé la idea mental que genera esta denominación en la gente. Espero que no estéis viendo a esos príncipes de Disney con esa dentadura gruesa y blanca, esa cinturilla de avispa y ese cuerpo hecho con cuadrados en todos lados. Pero mucho me temo que para una parte de la población sí es ese príncipe...

Pues bien, quiero que quede claro que mi príncipe es un príncipe del siglo XXI. Estamos hablando de una nueva estirpe de príncipes. El nuevo príncipe debe ser un hombre educado, comprensivo, alegre, listo, detallista, etc. Podríamos decir mil cosas, pero lo más importante, es que no estamos hablando de ese príncipe que cubre la necesidad de sentirse protegida y salvada de los malvados villanos del reino. Ese príncipe ha muerto.

Villanos hay igual, reinos podríamos decir que también, pero príncipes y princesas...  

Mi príncipe es un príncipe moderno. Con esa elegancia clásica pero una mente actual. Eso es un príncipe... Y no monta a caballo, monta en un deportivo. Me llega a mi un hombre oliendo a caballo y me muero... Mi príncipe no goza viéndome cantar a los pajaritos, goza cuándo bailamos y hacemos el loco juntos. Porque de la misma manera que el príncipe no debe desenfundar la espada contra los malos, yo tampoco debo jugar a ser la princesa que lo trata como una madre, como si fuera un incapaz con una serie de temas.

Es decir, el rol que Disney nos tiene acostumbrados no es nada bueno para las personas... Más bien diríamos sexista. Pero claro que mi príncipe me cuida, pero no como si fuera una inútil; me cuida cuando estoy enferma con una gripe horrorosa y estoy medio muerta en el sofá. Pero de la misma manera que lo hago yo con él. Me molestaría mucho verlo con actitudes protectoras al estilo Disney o parentales conmigo... Y lo sabe. Y claro que me dejo cuidar, tampoco soy una orgullosa que por narices no puedo pedir ayuda. Si me veo en apuros, lo llamo... 

En definitiva, quería que quedara claro, que un PRÍNCIPE hoy en día es otro tipo de príncipe, su objetivo de vida no es salvar a una princesa. Y no por ello se sienten vacíos. Luego pasa que hablas con las niñas y te das cuenta que están esperando un príncipe de los dibujos animados... y ello me traumatiza, sobretodo porque ellas quieren ser la princesa del cuento...

Tanto que me gustan las películas de dibujos... Pero cuánto daño puede hacer Disney...



domingo, 20 de marzo de 2011

PECADOS CAPITALES: LA SOBERBIA


Soberbia.

(Del lat. superbĭa).

1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.

2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.

3. f. Especialmente hablando de los edificios, exceso en la magnificencia, suntuosidad o pompa.

4. f. Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas.

5. f. ant. Palabra o acción injuriosa.



La Soberbia es casi el padre de todos los pecados capitales. Parece que el placer de hablar de uno mismo o de ser uno mismo el centro del mundo se muestra tras todos los otros (menos la ira).

Soberbia hay de muchas clases. Aunque normalmente, la persona que habla mucho de ella misma es porque se cree mejor que los otros. No sólo es narcisista en sus actitudes diarias, sino también que necesita ser el centro de atención en todo.

Yo conozco una persona que siempre acaba hablando de ella. Y qué pesado resulta al final... Sus súper proyectos, y sus súper cosas... Pues mira, será que necesitas hablar sólo de ti porque no tienes a nadie con quién compartir. Y claro, procuro quedar de vez en cuando y no mucho porque sus historias me gustan, pero si la veo con demasiada frecuencia me agota. Una vez me ha contado las novedades, ya sólo es repetirse.

¿Pero qué provoca la soberbia? Puede que la soledad, un complejo mal llevado, una inseguridad escondida o sencillamente un narcisismo total. Sea como sea, estoy segura que tarde o temprano estas personas sufren alguna situación dónde se los ridiculiza. Llega el día donde no eres el centro de atención, no eres más que uno más o que tu altivez se ve rebajada por una contestación. ¿Qué deben pensar en esos momentos? 

También conozco personas que creen que ellos lo hacen todo bien, y que los otros no saben. Las culpas no son nunca para ellos. Puede que yo sea un poco así, no os negaré que me gusta controlar las situaciones. Pero cuando metemos la pata, la metemos.

La arrogancia también se desprende de la soberbia. Me he encontrado con alguno y alguna que eran perfectos para ilustrar la definición del vocablo. Conozco a una chica, la llamaremos SOFIA, que trata con arrogancia a la gente que no conoce. Sofia se sabe guapa; es alta, delgada, con esa melena larga y siempre procura ir arregladita. La verdad es que es una chica que se hace mirar, quien diga que no es bella, está mintiendo, por celos o porque deben ir al oculista. Pero la chica es arrogante. Mira por encima del hombro literal y metafóricamente. Sobretodo cuando se presenta con una de sus amigas. Si está sola la cosa cambia. Pero cuando se siente fuerte, no tiene reparos en ni tan siquiera saludar a algunos por considerarlos no dignos de sus palabras. Muy fuerte...

Sofia también hace muchos errores protocolarios. No tiene maneras en la mesa. Ella se piensa que sí, pero no los tiene (un día hablaremos más profundamente de ella). Pero tiene por costumbre cortar a la gente cuando están hablando. Sencillamente no le interesa en ese momento...

¿Conocéis gente soberbia? Seguro que sí...