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jueves, 8 de marzo de 2012

VINOS


Entre mi lista de cosas por hacer (al final tendré que coger un rollo de fax para escribir la lista porque va creciendo sin parar), he decidido añadir una actividad:

Hacer un "curso" de vinos. Una cata de vinos dónde me enseñen a diferenciar olores, gustos y aromas. Y no sólo una vez, unas cuantas. Lo digo muy seriamente. Cuando llega el camarero de turno y pregunta: ¿Quién lo va a probar? Me transformo en una avestruz y entierro mi cabeza bajo tierra pensando: "yo no, yo no..." y eso no puede ser.

Porque las veces en las que me ha tocado decir si el vino era apto para ser bebido o no, me siento ridícula. Hace tiempo que decidí no hacer el número de darle unas vueltas al vino (para que respire como dicen), olerlo y hacer un sorbo degustativo... Y lo decidí porque yo no tengo ni idea.




Pero que pase vergüenza no quiere decir que me avergüence de ello. No entiendo de vinos, es una realidad.  De lo que sí entiendo es de hacer el ridículo, y a veces veo a gente montar un numerito degustativo y se ve que no tienen ni idea. Yo también puedo empezar a decir cosas como: "como se nota la madera, incluso noto un aroma de fresa." Oiga, yo no noto nada, porque nadie me ha enseñado nunca. Y hacer una simple cata de vino no me convierte en una experta. 

En cambio hay gente que sí sabe. Y se nota. Es un nosequé en los movimientos. Observadora soy, eso sí. Y cuando me cuentan cositas, las intento retener en mi memoria. Pero no hace falta fingir lo que no es. 

Por ello, ¿alguien conoce algún sitio dónde puedan hacer un cursillo/cata que me pueda enseñar bien cómo saber degustar y entender el vino? Muchas gracias de antemano.



viernes, 8 de abril de 2011

DEFECTOS DE LA PRIMAVERA


Aunque os parezca que es un tópico, tengo que deciros que  no soporto las abejas (ni las avispas). No puedo con ellas...

Es muy superior a mis fuerzas y se escapa absolutamente de mi control... Yo creo que más que miedo, les tengo pánico... La idea de que una de esas mini criaturas negras y amarillas roce mi piel me hace temblar... Pensad que cada vez que veo la foto que he puesto en este post me pica todo...

Pero seguro que como toda fobia tiene un por qué. Yo recuerdo que de pequeñita, una "amiga" idiota que tuve, encontró muy gracioso encerrarme en un coche en el que habían entrado dos abejas. La muy imbécil, se reía desde fuera, y yo le pedía que por favor abriera. No borro ese recuerdo de mi mente... Recuerdo que conseguí atraparlas debajo de un jersei que había en el coche, y las mini criaturas zumbeaban, y notaba su movimiento... ¡Qué espeluznante!

Años más tarde, me picó una de estas asquerosa porque entró dentro de mi camiseta viendo un torneo. Me dolió bastante. Pero todavía era una niña. Desde aquellos dos momentos, el pánico me atrapa cada vez que veo una... He llegado a montar auténticos espectáculos públicos por ellas.

Una vez, en Eurodisney, caminando una abeja decidió empezar a seguirme. ¡Tienen una obsesión conmigo, a la otra gente no la persiguen! Me vienen a mi... Huelen mi terror y se lo pasan muy bien fastidiándome... Total, yo empecé a correr y gritar "me sigue la abeja! Me sigue" y la abeja me seguía todo el rato, pero cuando pensé que ya la había despistado y paré la muy asquerosa estaba posada en mi brazo, así que empecé a gritar otra vez y pedir ayuda, y no lo pude evitar: empecé a llorar.

Sé que os puede sonar ridículo, pero debéis entender que es una fobia: no controlo mis reacciones en ese momento. Así que me encontré haciendo un numerito en medio de un parque de atracciones, con muchos niños mirándome con cara de susto, con la boca abierta, como cuando ven la tele.

Han sacado al mercado muchos antimosquitos, pero antiabejas pocas cosas... Si alguien sabe de un aparato de sonidos o de algún sistema para que las abejas no vengan, ¡por favor díganmelo! Estos días ya he visto unas cuantas... ¿Cuándo será mi próximo numerito en público? 

miércoles, 30 de marzo de 2011

OJO CON EL OJO DE POLLO... (capítulo II)


Bien... No sé ni por dónde empezar... En primer lugar, decir que como prometí, ayer asistí a la cita.

A las 18.00 horas estaba frente a la puerta preparada para sacarme el dichoso ojo de pollo incrustado como un OKUPA en mi pie. Decidida a realizar el desalojo, ya me veía saliendo de allí y pudiéndome poner cualquiera de mis zapatos o botas excepto las UGG... Pero por otro lado, me atormentaba un poco la idea del dolor... ¿Por qué no me respondió claramente la mujer cuando le pregunté si me dolería?

En fin, entré, saludé y la mujer (que siempre es muy amable y amorosa) me dijo que pasara y que me acomodara en la camilla. Yo insistí:

- Pero, ¿me va ha doler?
- Tu tranquila, uuuy... Pero qué nerviosa vienes... Mira, ¡si estoy más que harta de sacarlos! Ahora yo te pongo el pie en remojo y ya verás que será un momento de  nada.
- Ya, ¿pero me dolerá?
- ¡Estás muy nerviosa! ¡Tranquilízate! 

Entonces yo pensé: "conclusión, me dolerá un montón. Porque la mujer no me lo quiere decir, será por alguna razón..." Total, me estiré, y puse los pies en remojo; yo hice caso de todo (de momento). Me puso unas burbujas en los pies con toda la buena intención para masajearlos mientras esperaba. El pie de las narices me molestaba de mala manera. El solo hecho de apoyarlo en los pequeños picos de "masaje" me hacía ver las estrellas. Debería haberme tomado una tila...

La mujer me daba conversación. Y yo dale que te pego, dándole a la cabecita. Soy incapaz de recordar qué hablamos. Sólo pensaba que me dolería... 

Pasaron 15 minutos. Llegó el momento. Me sacó los pies y me los secó, repitiéndome que me veía muy nerviosa y que me calmara, que sería un momentito... Y mientras me hablaba, se giró y cogió el "utensilio" para la extirpación del OKUPA. Y cuando volvió  a girarse vi que llevaba en las manos una especie de alicates de corte, como las que tiene mi príncipe en su súper caja de herramientas. 

- ¿Eso es para mi pie o estaba aquí porque has hecho algún empalme con un cable? ESO es lo que vas a utilizar?
- Por favor, pero que no te asustes, estás son las pequeñitas, tu tranquilízate, como estás de nerviosa!
- ¡¿Esas son las pequeñas?! ¡Pero eso me va a doler mucho! 

La mujer siguió con su intento de discurso tranquilizador (absolutamente inútil). Si antes tenía miedo, desde el momento que vi ESO ya estaba temblando y sudando: "¡Eso no puede ser para mi pie! ESO es enorme, peligroso, un material de obra, no para mis pies por favor... Ya vamos mal."

La mujer encendió su súper lupa iluminada y pretendió cogerme mi pie. Y digo pretendió porque a la que me cogió el pie, lo retiré. Os juro que fue un acto involuntario y reflejo. La mujer se quedó mirando perpleja detrás de la lupa y cuando la miré le vi esa cara deformada por la enorme lente y no pude evitar  echarme a reír.

- ¡Pero déjame! - insistía ella- Que ya verás que no es para tanto, estás tan nerviosa que tu te piensas que te va a doler más de lo que será. Sólo hago pim, pim, pim y ya está. Venga, déjame. Que ya verás que bien estarás cuando te lo saque.

Yo hice un pequeño esfuerzo de confianza y le entregué mi pie, avisándola antes que a lo  mejor sería buena idea sacar de allí el aparato masajeador con agua, por si a caso volviera a tener una reacción involuntaria con mi pie... Ella lo sacó mientras me insistía en la necesidad de que estuviera tranquila y que no moviera el pie... 

Y en un momento la mujer me cogió el pie y ¡zas!... ¡Pero qué dolor! ¡Me cortó con esas enormes alicates un trozo de piel! ¡AH! ¡Qué horror, qué molesto, qué agobio! Y venga a sudar y ella repitiendo el mismo discurso y yo que al final exploto: "Ves como duele! Por eso no me respondías... Yo necesito que me digan la verdad, y entonces me hago a la idea y vengo preparada. No me digas que no duele si duele. Y no me vale que se lo hagas a mucha gente porque también operan de columna a mucha gente y duele."

La mujer me calmó un poco y le volví a confiar mi pie. El dolor había bajado un poquito. Entonces otra vez... ¡zas! Retiré el pie como si fuera un potro dando una patada, le di a la lupa, casi me caigo de la camilla y me la miré: 

- No puedo. Ahí se queda el trozo de gallo este...
- Pero bueno, será esta la primera vez que no podré sacar un ojo de pollo. De verdad que es una pena ahora ya llevo dos cortes, ya sólo me falta un poco más y luego ya me acerco al medio y es un momento de nada arrancarlo. 
- ¿Arrancarlo? Si esto me ha dolido no me quiero ni imaginar qué pasará cuando llegues al centro. Ni hablar, lo siento mucho, de verdad. Déjame que me lo piense, que me mentalice, que me tomé tres tilas y un relajante muscular y ya te vuelvo a pedir hora. Ahora no puedo. No, no...
- Pero confía en mi, si te digo que tengo experiencia. Ves a un podólogo, ya verás que ahí te dolerá más. Te pondrán anestesia y el pinchazo será horroroso.

¿Anestesia? ¿Por qué no lo dice antes? ¿Algo que puede requerir anestesia y yo a lo bruto? Ni hablar, yo no soy tan valiente para estas cosas... Y miré mi pobre pie dolorido, que tiene dos cortes alrededor de ese maldito ojo OKUPA, ¡qué pena de pie!... Con lo bonito que es... Entonces la mujer me cuenta que a lo mejor se ha torcido por dentro y por eso duele tanto... Y yo me voy quedando blanca con sus explicaciones... ¡Que aquí se cuenta muy rápido, pero estuvimos una hora en total! Al final esto va a acabar muy mal, ya me lo veo...

Le pedí mil disculpas, pero me volví a poner las UGG y me largué. Cojeando más. Me fui derecha a la farmacia más cercana y le dije a la señorita si tenía alguna cosa para los ojos de gallo. Al final me dió unos parches. Cuando llegué a casa, a parte de ver a mi príncipe muriéndose de la risa de mi (porque ahora encima me duele más, como si pisara una chincheta), me puse el parche... En las instrucciones dice que me lo tengo que dejar de dos a tres días... Ya veremos lo que pasa... Ahora ya estoy sufriendo pensando en el momento que retire el parche...

Eso sí, si tengo que volver ahí o al podólogo me voy a tomar y beber lo que haga falta para no sentir nada... Qué manera de hacer el ridículo... 

martes, 29 de marzo de 2011

OJO CON EL OJO DE POLLO... (capítulo I)



Hoy he sido muy valiente y por fin he tomado una decisión.

Pero primero, os pongo en situación: hace un par de meses que me ha salido una cosa en la planta del pie. No es una verruga plantar ni tampoco un juanete, es lo que se llama un ojo de pollo.

Para empezar, ¿quién llamo a esto un ojo de pollo? Y por qué? De verdad que miro mi pie y miro una foto de un ojo de un pollo y no le veo las coincidencias... 

En fin, que en un principio pasé del tema: sentía como si me hubiera clavado algo en el pie, pero pensé que ya se pasaría, que seguro que me había clavado alguna cosa por culpa de mi manía de ir descalza. Al cabo de unos días, ya me dolía bastante cuando andaba, pero bueno, me permitía ponerme una serie de zapatos y botas.

En un mes ya sólo me podía poner unos zapatos: unas botas UGG que tengo (suerte que al menos tengo tres modelos diferentes...). Es una bota muy cómoda, pero en ciertas ocasiones, va a ser que no tocan... Y así llevo otro mes más... Pero claro, queridos amigos, la primavera se acerca y ya no es plan de ir con esas botas por la calle...

Pero no he ido al médico... Lo sé, no tiene explicación. Pero estoy segura que me harán mucho daño. A parte, ahora sé lo que es, pero durante mucho tiempo no estaba segura. Al final he descubierto que estas cosas son más habituales de lo que yo pensaba y que la gente tiene verrugas plantares, ojos de pollo, callos y juanetes. Pero como no vamos por el mundo contando el estado de nuestros pies, parece que cuando te pasa a ti, nadie sabrá ni de qué hablas.

Total, que desde hace unos 15 días me duele mucho a cada paso que doy o cuando estoy quieta... El solo roce con la mano ya me molesta. Y la semana pasada, me fui al centro de estética al que habitualmente voy y al ponerme de pie la mujer me preguntó qué me pasaba. Se lo conté. Y ella me dijo muy entusiasmada: "¡uy, eso lo quito yo! Aquí tengo mucha gente que me viene para que les saque esto. Eso no es nada, pero nada de nada. Tu ven cuando puedas y ya verás que saldrás de aquí andando como nueva. No puedes ir así, eso hay que sacarlo."

Así que me he decidido: mañana voy a que me saquen este ojo asqueroso que se ha instalado en mi pie. Pero voy a confesar: estoy muerta de miedo... Seguro que me duele mucho, la mujer no me respondió claramente cuando le pregunté si dolía; sólo me dijo que "será un momento". Y cuando no te contestan lo que has preguntado será por algo...

¿Y si lo anulo? ¿Podría esperar un poco a ver qué pasa? Estoy un poco dudosa... Mañana os contaré qué ha pasado. Iré, os prometo que iré.