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viernes, 21 de octubre de 2011

VIDA DE PUEBLO

Me ha pasado una cosa muy extraña. Os cuento:

Por cuestiones personales y familiares, hace un tiempo que estamos instalados en el pueblo. Ya sabéis lo que opino del pueblo, de sus habitantes y de sus costumbres. Sino, lean mi post "En el campo o en la ciudad".

Pues bien, poco a poco, me irrito menos. sí, ya sé que suena un poco fuerte utilizar el verbo "irritar". Pero es así. Antes me ponía histérica cuando en una tienda, en la calle o en un bar, me encontraba a alguien y me tenía hablando un buen rato. Y de pronto, no sé cómo ha pasado, no me molesta. Me quedo hablando un buen rato. 

¿Qué me está pasando? No estoy mal aquí, no me encuentro descolocada. Y no me digan: " es que si no lo pruebas no lo puedes decir", porque que lo había probado. Una vez estuvimos 8 (largos y fríos) meses en este pueblo. Fue horroroso. Acabé deprimida, gris, aburrida. Y ahora no me está pasando nada... Estoy contenta.

Pero no se me alteren: cuando llego a la ciudad (mi querida ciudad) me estiro en el suelo y abrazo el asfalto. Me encanta la ciudad, me encanta que me ignoren por la calle. Ver gente estrambótica, con carácter propio en el vestir. 

Pero no me quiero ir del tema: estoy bien en el pueblo. Este es el titular de la noticia de hoy. Me gusta ir a comprar y entablar un pequeña conversación, coger el coche para cualquier cosa, encontrar aparcamiento entre semana dónde sea, etc. Estoy tranquila. 

¿Es un espejismo o me estoy volviendo campestre? Me preocupa un poco, la verdad... Aquí no puedo ir de shopping como a mi me gusta. No encuentro novedades, no hay creaciones diferentes. Las creaciones las hago yo. A lo mejor así uno se vuelve más creativo... No veo mis deseados y admirados escaparates... Tampoco puedo ir a una tienda gourmet para probar cosas nuevas, ni hacerme la manicura, porqué no sé cómo, mis uñas acaban sucias. 

Los lunes está todo cerrado. Y cuando digo todo, es todo. Uno no puede ir a hacer ni un café. Y mucho menos comer o cenar fuera... Desastre total. 

No, no, no... ahora lo veo claro: quiero vivir en la ciudad. Punto y final. Hecho de menos el asfalto...

martes, 22 de marzo de 2011

MI PRÍNCIPE NO ES DE DISNEY



Hoy quiero hacer una reflexión para que quede clara mi opinión acerca de los príncipes.

Yo, como habéis leído en muchas ocasiones, considero que tengo un príncipe a mi lado. No sé la idea mental que genera esta denominación en la gente. Espero que no estéis viendo a esos príncipes de Disney con esa dentadura gruesa y blanca, esa cinturilla de avispa y ese cuerpo hecho con cuadrados en todos lados. Pero mucho me temo que para una parte de la población sí es ese príncipe...

Pues bien, quiero que quede claro que mi príncipe es un príncipe del siglo XXI. Estamos hablando de una nueva estirpe de príncipes. El nuevo príncipe debe ser un hombre educado, comprensivo, alegre, listo, detallista, etc. Podríamos decir mil cosas, pero lo más importante, es que no estamos hablando de ese príncipe que cubre la necesidad de sentirse protegida y salvada de los malvados villanos del reino. Ese príncipe ha muerto.

Villanos hay igual, reinos podríamos decir que también, pero príncipes y princesas...  

Mi príncipe es un príncipe moderno. Con esa elegancia clásica pero una mente actual. Eso es un príncipe... Y no monta a caballo, monta en un deportivo. Me llega a mi un hombre oliendo a caballo y me muero... Mi príncipe no goza viéndome cantar a los pajaritos, goza cuándo bailamos y hacemos el loco juntos. Porque de la misma manera que el príncipe no debe desenfundar la espada contra los malos, yo tampoco debo jugar a ser la princesa que lo trata como una madre, como si fuera un incapaz con una serie de temas.

Es decir, el rol que Disney nos tiene acostumbrados no es nada bueno para las personas... Más bien diríamos sexista. Pero claro que mi príncipe me cuida, pero no como si fuera una inútil; me cuida cuando estoy enferma con una gripe horrorosa y estoy medio muerta en el sofá. Pero de la misma manera que lo hago yo con él. Me molestaría mucho verlo con actitudes protectoras al estilo Disney o parentales conmigo... Y lo sabe. Y claro que me dejo cuidar, tampoco soy una orgullosa que por narices no puedo pedir ayuda. Si me veo en apuros, lo llamo... 

En definitiva, quería que quedara claro, que un PRÍNCIPE hoy en día es otro tipo de príncipe, su objetivo de vida no es salvar a una princesa. Y no por ello se sienten vacíos. Luego pasa que hablas con las niñas y te das cuenta que están esperando un príncipe de los dibujos animados... y ello me traumatiza, sobretodo porque ellas quieren ser la princesa del cuento...

Tanto que me gustan las películas de dibujos... Pero cuánto daño puede hacer Disney...