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sábado, 27 de octubre de 2012

TENDENCIAS SOCIALES: LA BARBA

A veces me gusta sentarme en un café con terraza para observar a la gente. Bueno, confieso, me gusa hacerlo con frecuencia. Me gusta ver cómo viste la gente, observar si veo similitudes, novedades, etc.

Y últimamente he observado una tendencia que crece sin parar: los hombres se dejan barba. ¿Lo habéis observado? Seguro que tenéis amigos que han decidido dejarse barba. No sólo en los últimos meses, sino hace un año (o más) ya. Lo que observo es que la tendencia crece.

Y como no, ya ha llegado a los famosos. Actores, jugadores y cantantes han decidido dejarse crecer el pelo. Menos esclavitud y un new look. Bueno lo que son las cosas: las mujeres con tendencias de pelo zero en todo el cuerpo y los hombres con la barba a cuestas...

Observad a la gente: ya no es sólo esa barba de dos días con cuatro pelos, no. Ahora se dejan barba larguita, definida y arreglada, eso sí. Veo muchas más barbas por las calles. Y para muestra, podemos fijarnos en gente como el jugador Dani Alves, el polifacético Brad Pitt (aunque ha llevado barba en varias ocasiones, vemos que en el último anuncio de Chanel han decidido dejarle la barba) o varios políticos. 





No sé deciros si la barba favorece o no. Supongo que depende de la persona. He oído de todo: que rejuvenece, que hace mayor, etc. Sea como sea, no hay duda que está en auge. Y lo mejor de todo es que veo que a los hombres no les molesta si dejan ver zonas con canas o sin ellas. Eso me gusta. 

Eso está muy bien, pero a mi, personalmente, la barba no me convence. Supongo que debe ser más cómodo, eso es innegable, pero donde este esa carita recién afeitada con ese olor a limpio... 

¿Que os parece a vosotr@s? 


sábado, 13 de octubre de 2012

LLORONA DE NACIMIENTO

Debo confesar que soy una llorona. Sí, es inevitable. Soy así. Y en este caso no puedo decidir cambiarlo. Debo tener el lagrimal un poco flojo y las lágrimas brotan con una facilidad que espanta.

Y no tiene por qué ser en situaciones tristes, que también. Basta con una imagen que me emocione para que mis ojos dejen de ver a su alrededor porque se inundan de agua. La verdad es que me gustaría poder controlarlo un poco más. Y ya lo hago. Pero el nudo en la garganta y la humedad de mis ojos sigue ahí, así que para los que están a mi alrededor, es evidente que estoy a punto de llorar.

Algún anuncio consigue hacerme llorar, películas, situaciones históricas, etc. Pero hay un tema que me hace llorar siempre. Situaciones en las que veo a una persona mayor desvalida. Eso me puede por encima de todas las cosas. Cuando era pequeña, con unos 13 años, iba en autobús a la escuela. Un señor mayor vio que el autobús estaba a punto de cerrar puertas y empezó a correr para llegar a tiempo. Yo estaba sentada dentro y vi perfectamente como aquel pobre hombre cayó al suelo. Un escalofrío atravesó mi cuerpo, me levanté y bajé del autobús sin pensarlo dos veces a ayudar a ese hombre que ya estaba sangrando.

Y seguidamente yo, como una pava total empecé a llorar. Pero no me paralizo y lloro. Puedo seguir actuando con racionalidad, pero mis ojos están ahí, por su cuenta, llorando. Seguro que quien me vio pensó que era mi abuelo o algo así, pero no, sencillamente me emociono. Luego llegué tarde al colegio, obviamente...

Y el otro día, durante la semana horribilis me pasó algo similar. Hay un bordillo cerca de casa que está un poco más alto que el resto. Ya he visto algunas caídas allí. Un pobre señor estaba allí y una moto pasó rápido delante de mi. El señor se retiró dando un paso atrás y ¡zas! al suelo. Cayó lentamente, se apoyó en su hombro (por suerte porque la cosa podía haber sido mucho peor), y aterrizó dándose un golpe. 

Y la super pija al rescate (llorando, claro). Paré el motor. Me dio igual quien tenía detrás. Bajar del coche y ayudar con lo que haga falta. 

Debo decir que nadie pitó ni nada parecido. Supongo que vieron la situación. ¿Por qué me pasa esto? Es que no os podéis imaginar lo desmesurado que es el tema con la gente mayor. Cuando tenía 15 años me apunté como voluntaria para ayudar a la gente mayor. Me saqué un título de voluntariado y estuve con ellos mucho tiempo. Mis problemas de salud hicieron que dejara esa actividad. Me conmueve ver como nos volvemos frágiles de cuerpo y lo encuentro muy injusto, la verdad.

Otro de mis grandes dramas fue cuando mi madre me contó antes de ir a dormir un cuento: el patito feo. La pobre lo contó tal como es. Pero no pudo terminarlo como debe ser porque en el momento que dijo que su madre y sus hermanos no lo querían porque era diferente a mi me cogió un ataque de llorar y llorar sin parar mientras decía: "¿Por qué su mami no le quería?". Al final, sin poderme calmar me dijo que el patito feo luego se convirtió en un cisne precioso y todo el mundo le quería, así rápido para que parara de llorar. Pero no funcionó, yo ya tenía el disgusto: su mami no le quería. 

Bueno pues así soy: llorona. Como ahora que sólo de recordarlo y escribirlo, ya me caen las lágrimas...


sábado, 14 de julio de 2012

EL LISTO MALEDUCADO: PIRATAS DE NUESTRO SIGLO

De mi visita a Port Aventura, también saqué otro tema: el de las colas. Hay atracciones que tienen un tiempo de espera brutal. Esperar una hora y media es horroroso.

Con lo poco que me gusta a mi hacer colas... Por eso cogimos el pase EXPRESS GOLD, nada de hacer colas. A mi eso no me va. Es un gustazo total entrar por una cola que máximo llega a 10 minutos. Pero hay algunas atracciones que no entran en los tickets express, como por ejemplo la caída libre. Bueno, que le vamos a hacer.... 

Hice 30 minutos de cola. Y con ese tiempo ya pude observar los comportamientos que tienen algunos. ¿Por qué siempre tiene que existir la persona que quiere colarse? Me pone de los nervios. ¿Quién se cree que es? El desprecio que se muestra con estas actuaciones, me pone histérica. Se piensan que son más listos que los demás y lo que son es más maleducados que los demás. 

Y lo peor de todo es que creen que nadie los ve. Las caras son un poema: primero avanzan tratándolo de hacer con naturalidad (y de naturalidad nada); y con disimulo saltan una valla o pasan entre la gente como si nada. Y la gente claro que los ve. Pero no todos se quejan. Si se queja una única persona, hacen ver que no la oyen. También hay que decir que no estamos pendientes de que alguien se nos cole, estamos mirando la atracción, las caras de la gente cuando bajan, etc.

Pero sus actuaciones no son demasiado buenas. No les darían ni una nominación a los Oscar. Son patéticos en realidad. Cuando es un grupo que les dice algo, bueno, los abuchean directamente, entonces sueltan alguna frase con aires a excusa barata como que estaban buscando a alguien, o que se han equivocado. Y se largan (muertos de vergüenza).

Es un comportamiento incívico. De hecho, demuestra que: se creen más listos y que creen que el resto son idiotas. Y eso es el principio que estropea esta sociedad que tenemos. Y así nos va... Unos cuantos intentan hacerse los listos. Son como piratas. Gente que piensa que las normas están para romperlas. Y eso, según cómo se mire resulta muy excitante y aventurero. Pero en el momento en que tus comportamientos perjudican a los otros, eres directamente un maleducado.

Eso sí, como les pase a ellos algo similar, se ponen a gritar sus derechos y sus razones. Entonces el civismo sí que debe aplicarse. ¿Dónde queda la lógica? Al menos, si pretenden colarse, que lo hagan con estilo y maestría, es decir, que nadie se entere.




miércoles, 11 de julio de 2012

EXPERIENCIA EN EL POLÍGONO

Hoy voy a contar una experiencia brutal que he tenido hace poco...

El viernes fuimos a un restaurante. Si se le puede llamar así, porque de restaurante tenía poco. De hecho es como un local que tiene montado en una zona industrial de un pueblo. Allí van trabajadores durante la semana a comer. El propietario es un señor simpático, que no aspira a tener un súper restaurante. Eso ya lo sabemos. Tampoco es que encontremos una oferta gastronómica enorme por la zona.

Cuando llegamos, sólo bajar del coche, empezó a sonar una música. "Mira qué apañados" pensé yo. Nos sentamos en una mesa y vino un chico jovencísimo a pedir si queríamos beber algo. Le pedimos qué vino tenía a lo que contestó: "un momento que lo pido"con cara de "ya me han pillao". El chico volvió y nos dijo: "de la casa o sangría". Y yo le pregunto: "¿y de vinos blancos qué tenéis?" Y otra vez: "un momento que lo pregunto". Al volver, la respuesta fue la misma. Pobre chico, si pretende ir por la vida con este tipo de preparación, le auguro un futuro en la cola del paro clarísimo...

Observamos que había un hombre que se acercó a un órgano y cambiaba la música. Y uno de nuestros amigos que estaba en la cena apuntó: "este hombre se va poner a cantar". Imposible, dije yo, no puede ser que se ponga a cantar.

Pues sí lo hizo. Cuando estábamos a media cena, el hombre cogió las riendas de la parte musical y empezó a poner canciones. Yo pensaba que se limitaría a hacer de DJ, pero no, ese hombre con chancletas y calcetines (por favor...) decidió que era mucho mejor que nos deleitara con sus versiones de canciones de toda la vida pasando por jotas, rumbas y pasos dobles.

Para que os hagáis una idea, cuando le oías cantar, te imaginabas la cabra al lado. De verdad, y sin ofender. Pero era como un de esos concursantes que se presentan a Operación triunfo, que cuando los ves piensas: "Pero bueno, nadie le ha dicho que no debía presentarse aquí?" ¿Es que esta gente no tienen amigos y familiares que les digan la verdad? A lo mejor ellos pasan de todo... No lo sé, sea como sea, el resultado fue una noche pintoresca pero muy divertida.

Y es cruel reír, pero quien no ha reído viendo los vídeos de los cástings de OT? Pues eso fue más o menos lo mismo pero en vivo y en directo.

Si es que quien nos mandaba ir a la zona poligonera...





jueves, 3 de mayo de 2012

LOS GORRONES

Hace mucho tiempo, cuando fumaba cigarros normales (no es que ahora fume cosas raras, fumo unos puritos de vainilla que me encantan), había un tema que me agobiaba mucho: el gorrón de turno.

De hecho, lo de ser gorrón es todo un arte. Hay quién no tiene gracia en ello, pero hay quien le pone mucho empeño. Pero al final, siempre se les cuelga una etiqueta.

El gorrón siempre es aparentemente un "despistado" o "perezoso". Hay frases tan típicas como: "Me das un cigarro? Es que se me han terminado..." o "Me das un cigarro? Es que me da una pereza levantarme para ir a buscarlo..." y siempre detrás tenemos la frase de: "después te lo devuelvo". Eso siempre hay que decirlo, así uno no queda como lo que es. Con los después te lo devuelvo montaría un estanco hoy en día...

Porqué hay gente que esto le pasa una vez, y no pasa nada. Pero acostumbra a pasar que siempre son los mismos los que "se les termina" o se lo "olvidan". Y es porque saben que podrán ser unos gorrones sin problemas. Y ese es el fallo. Porque si yo soy capaz de planear lo que voy a fumar, el otro también. Y por tu cara, yo no voy a tener tabaco para luego. 

Hay que echarle mucho morro. Pero aun había encontrado casos más fuertes... "¿Me das un cigarro?" "no tengo, lo siento, me los he olvidado." Y entonces van y se sacan el paquete del bolso... Parece grotesco, pero es verdad. Lo he vivido, y no una vez, mil. Y me pasó el otro día. Una chica que hacía tiempo que no veía, salió del restaurante igual que yo a fumar y cuando ve que enciendo el mío suelta: "Ostras es verdad, que tu ya no fumas cigarros... voy a buscar uno que los tengo en el bolso".

Me quedé a cuadros. Me lo dijo sin tener ningún pudor. Ella ya tenía planeado fumar de mi tabaco. Y encima va y me lo comenta... maravilloso. Evidentemente, esto es aplicable a mil cosas en la vida: agua en las excursiones, dinero para pagar la cuenta que se divide, etc. 

Alguna vez he hecho cuentas: realmente se ahorran una buena cantidad de dinero al año... ¿Qué deben hacer ahora que hay crisis? 

Pero debemos buscar el lado positivo: hay empresas que muy conscientes de lo que pasa, han inventado sistemas anti gorrones: unas bolsas de plástico con moho para que no se coman nuestro almuerzo, por ejemplo. O poner petardos en los cigarros. Así no querrán coger vuestros cigarros...


lunes, 30 de abril de 2012

Por qué lo llaman A si quieren decir B...

Estoy un poco harta de las palabras que la gente se inventa para quedar más... ¿"cool"? (vayámonos poniendo en situación...).

Parece que si uno no usa un cierto lenguaje está "out" de la vida. Incluso la reputación en el "social media" tiene que ser demostrada con un poco de sabiduría global... ¿Qué problema hay con el vocabulario? Adquirir nuevos conceptos y adaptarlos es una necesidad. El lenguaje evoluciona con nuevas tecnologías. Antes no teníamos ratón para el ordenador, ahora ya lo tenemos. En este caso he de reconocer que lo sigo llamando "mouse"... Aunque del uso al abuso hay un paso muy grande.

¿Pero por qué debemos decir que he hecho "running" en lugar de que he ido a correr? Debe ser más "professional"... La necesidad de demostrar que sabemos idiomas me parece de lo más patético. De hecho, veo a una corriente de ovejas detrás de está nueva moda que parece causar furor y queda de lo más "fashion" entre el "top" de la sociedad...  

El primer atrevido que se haga "couch" para enseñar a hablar así se forrará. Y es que el "coaching" para empresas, está muy de moda. Al igual que no debemos decir que tenemos un entrenador personal, si no un "personal trainer", faltaría de plus...

Ahora nos compramos "shorts" y "jeans", usamos un "trench" y un "blazer"... Ya no nos gustan las gabardinas, los vaqueros ni los pantalones cortos. La "party" está llena de "VIPS" que nos recuerdan los vocablos en inglés... Recibimos invitaciones a un "brunch", y vemos (o nos colamos) en el "backsatge" en los desfiles...

Vamos a "SPA", tenemos algún "hobby" y nos comemos un "sandwich", eso de decir que nos comemos un bocata queda muy mal... Y lo del balneario suena a tercera edad... 

Así que sobre todo, si quieren estar en las listas de los más... (mejor terminen la frase cada uno como le parezca) no olviden estas palabras y muchas otras. Podríamos hacer una lista muuuuy larga, pero no les costará aprenderlas si no las saben sólo con estar un poco atentos en la red. 

viernes, 17 de febrero de 2012

DECORAR EL COCHE

Ayer estuve en un atasco. Parece que lo cuente como si hubiera ido al cine o algo similar. Pero la realidad es que cuando tienes prisa vas y llegas a una cola interminable que asusta más que otra cosa.

Opciones:

1. Pasar a ser una persona cabreada y ponerse de un nervioso que espanta.
2. Tomárselo con filosofía y pensar que es mala suerte pero que no podemos remediarlo, así que hay que intentar pasar ese rato de la mejor manera posible.

Escogí la opción 2. Y decidí observar a la gente de los coches de los lados. Me di cuenta de un detalle: hay mucha gente que lleva cositas colgadas del espejo retrovisor del interior del coche. ¡Pero mucha! Yo pensaba que eso lo hacían los taxistas. Per veo que es muy habitual. ¿No molesta tener en el campo visual un objeto que se mueve? A mi sí... 

El tema es: ¿Qué cosas cuelga la gente en el coche? Pues vi muchos rosarios. De madera, de plástico, blancos, de colores, etc. Y no siempre el conductor parece una persona que llevaría un rosario en el coche. Uno de esos tíos con coches tuneados y ruidosos por ejemplo, llevaba un rosario. 

Luego está la cinta de ayuda contra alguna cosa. Cruz Roja, alguna enfermedad, etc. También encontré un clásico: los dados. Desde mi punto de vista los dados son la expresión máxima del cutre. Llevar unos dados de peluche o de espuma me parece una chapa identificativa que dice: "Soy un chungo". 

Y luego está el que lleva un atrapasueños. No sé si sabéis qué es un atrapasueños. Como podéis ver en la foto, es un colgante. Mucha gente lo lleva pero dudo que sepan de qué se trata. Los hay de diferentes tamaños, pero básicamente constan de unos aros con una telaraña en medio hecha con un hilo fino y unas plumas que cuelgan de él. Debería haber también una piedra. El atrapasueños era utilizado por la nación nativa americana Ojibwa. Pero durante los años 60 y 70 fueron adoptados por los nativos norteamericanos. Llegó a ser un símbolo de los nativos aunque algunos no estuvieran nada de acuerdo por considerarlo algo comercial y porque lo construían sin conocimiento y que no sabían cómo debe ser utilizado.

Eso sigue pasando por lo que se ve. Porque el atrapasueños, como su nombre indica, se cree que atrapa los malos sueños que tenemos, que quedan atrapados en la red y que con los rayos del sol desaparecen. Así, nuestros sueños sólo serán buenos y positivos. Y lógicamente, se ponía en la cabecera de la cama. 

Por eso digo yo: ¿a quién se le ocurre poner un atrapasueños en el coche? Pues a alguien que no tiene ni la menor idea de para qué sirve el objeto. Ya no hablaremos de si ese objeto en cuestión funciona o no funciona. Pero, ¿es que suelen ir a dormir en el coche? ¿Qué sentido tiene? Es como llevar un cepillo de dientes colgando del coche; no señor, no tiene ningún sentido porque no nos lavamos los dientes ahí, lo hacemos en otro sitio. 

Por ello, antes de colgar cositas en el coche, sería bueno pensar qué colgamos. Más que nada porque estamos mostrando cómo somos. Banderas, religiones o creencias. A veces creo que aprendemos mucho más observando a las personas que hablando con ellas...


sábado, 21 de enero de 2012

DE ESPALDAS A LA VIDA


La gente tiene miedo. Todos lo tenemos. Vivir sin miedo sería imposible. No temer a nada nos haría cometer las imprudencias más peligrosas que nos imaginemos.

Pero hay gente que no lo reconoce. Y el hecho de no reconocer el miedo, es por miedo a quedar mal o proyectar una imagen que no quieren. En si ya es una muestra. Miedo a amar, miedo a expresarse, miedo a los aviones, miedo a la oscuridad, etc. Nada es ridículo.

Pero yo quería hablar de un miedo menos detectable. El miedo a lo nuevo. Hay un tipo de persona que no le gusta avanzar. Viven de lo conocido, lo que ya han probado y temen los cambios. 

Por ejemplo: las nuevas tecnologías. El otro día hablábamos con un amigo que tiene el mismo un teléfono móvil desde hace años. Nosotros le contábamos cosas del mundo de las aplicaciones, le mostrábamos algunas, le decíamos que se comprase un Iphone. La frase "yo ya estoy bien con lo que tengo, no necesito estas cosas" es lo que siempre repetía. Nos miraba con cara de incredulidad, como si nosotros estuviéramos obsesionados con una tontería. 

No hubo manera. Pero ya lo conocemos, hace años hizo lo mismo con otro teléfono o con ordenadores, o con viajes o con ropa o con servicios. Sea lo que sea, huye de los cambios como sea. Y al final, cuando ha pasado un año de nuestras explicaciones un día aparece con el aparato en cuestión. Ha sucumbido al progreso. Pero aun así, no está convencido de lo que tiene. Es al cabo de unos meses de tenerlo que dice alabanzas de él. Y así siempre es la misma historia. 

Lo que pasa es que cuando se sube al carro, este está a punto de evolucionar. Y vuelve a producirse la misma historia. Y yo me pregunto: ¿Por qué ponerse de espaldas a la vida? ¿Qué ganan con esa actitud? Hay que probar las cosas, nunca sabes si será mejor el cambio... 

Hay mucha gente con este miedo. Bajo la actitud de no ser esclavo del progreso se esconde un miedo a la ignorancia inicial. Algunos prefieren vivir en el pasado. Supongo que esto ha pasado y pasará siempre. Algún iluminado dijo que "lo del a electricidad y las bombillas es un invento del diablo" o que "eso del teléfono no tiene sentido" cuando lo vio por primera vez. Una pena... Seguir lavando la ropa a mano es una opción, pero yo recomendaría comprar una lavadora... Denle la mano al progreso, al menos probar. Ir hacia atrás es cosa de cangrejos...






martes, 9 de agosto de 2011

HISTORIAS DE PLAYA: LAS FAMILIAS ULISES


Seguimos con el tema de la playa que de verdad que da mucho de sí... Y es que otra de los temas que más destacan de la playa son los montajes de las familias. 

De verdad que yo no puedo entender cómo uno puede tener ganas de ir a la playa con tantos objetos a cuestas. Los observas llegar con el coche cargado. Entonces, van bajando (acostumbran a ser bastantes). Y llega el momento: hay que descargar todo lo que llevan ahí: neveras, bolsas, parasoles, toallas, flotadores, tiendas, las sillas, colchonetas, el hinchador, etc...

Y el pater familias, va repartiendo entre los miembros de la familia los diferentes utensilios. Eso sí, con diligencia y rectitud: "¡Niñooooo, para ya con la pelota coño. Coge los parasoles!". Y así con los diferentes miembros de la familia. Todo un ejemplo... 

Luego el camino se hace eterno. Claro, imaginad 100 metros del coche al lugar elegido, pasando por ese trozo con la arena quemando los pies y sufriendo el calor del sol en las espaldas... Y finalmente, llegan a destino y plantan su sede. Pero son unos 20 minutos más de montaje. Total, que han estado un mínimo de 40 minutos de tener el culo en el asiento del coche a tener el culo en la silla plegable estilo camping. Un drama, que queréis que os diga. Parecen la familia Ulises del TBO. Un clásico.

Pero además, van con cara de mala leche durante todo el camino, y los niños se llevan más de un moco estilo garrulo-sin-educación en varias ocasiones. Y es que he observado que la gente se trata con mucha violencia. No entiendo cómo les hablan así a sus hijos e hijas. Pero de eso hablaré en el próximo post.

Luego está la vestimenta: esas camisetas imperio trasladadas a camisetas normales. Que queréis que os diga, siempre consideraré que un tío con una camiseta sin mangas es un garrulo, sin estética y algo feo. No lo puedo soportar. Ver a los hombres con camisetas de tirantes me provoca un "ai uix".  Obviamente, mi Príncipe nunca llevaría tal indumentaria. También observamos la nueva moda calzoncillos debajo del bañador, pero de ese tema ya hablamos.

Y así pasan el día. El hombre-sandía va durmiendo, los niños van entrando y saliendo del agua, y de vez en cuando, todos ellos comiendo patatas fritas y bebiendo refrescos de dos litros (a morro, claro) de la marca DIA. Os lo juro, casi todos van de DIA. No olvidéis en este organigrama, los gritos de vez en cuando de cualquiera de ellos: entre hermanos, marido y mujer, padre a hijos, etc...

Y cuando acaba el día, vuelve a desmontarlo todo, vuelve a gritar, vuelve a hacer el camino, parada técnica para limpiar de arena todos los objetos y personas, vuelve al coche y para casa, a recolocarlo todo por ahí (digo yo...).

Y yo me pregunto: ¿Por qué no hay una playa para gente educada y con clase? ¿Por qué tengo que cohabitar con esa gente? Es lo que pasa con las cosas públicas... ¡Cuánta educación hace falta por Dios, cuánta...!



lunes, 1 de agosto de 2011

¿TE ACUERDAS CUANDO...?

Lo siento mucho, pero tengo que decirlo: cuando nos hacemos mayores, la gente recuerda el pasado y acostumbra a parecer un mundo mejor. Es una verdad como un templo... Al menos eso debemos deducir de la sonrisita que se le dibuja a la gente cuando habla del pasado.

Todos hemos escuchado a alguna persona mayor contarnos historias del pasado. Pero lo pesado es cuando dos personas, empiezan a mantener una conversación acerca de su pasado (del que tu no formabas parte) intentando recordar nombres, sitios, días exactos, etc. Y cuando lleban 15 minutos tu ya estás dormida o pensando en otra cosa... Porque te aburres... I no es plan de ponerte a jugar con el tenedor o la pajita de la copa... También hay que decir que algunos te introducen en la conversación dando explicaciones para que te puedas poner en situación y compartir unas risas.

Lo que me preocupa, es que la gente de mi entorno empieza a hablar demasiado del pasado... Sí, empiezan con explicaciones de recuerdos y se les pone esa cara de melancolía... Ay Diós... Indudablemente me estoy haciendo mayor... ¿Cuándo empezaré yo a hacer lo mismo? ¿Lo hago ya? Creo que no... Porque no tengo contacto tan directo con gente de la infancia. ¿Pero lo haría si lo tuviera?

Para no quedarme fuera de la conversación o para participar, traslado las situaciones a mis épocas equivalentes. Hay que decir que soy una persona que, por lo general, siempre me he rodeado de gente mayor que yo. Desde pequeña. Me lo he pasado mejor con ellos que con los de mi edad. Claro que tenía amigos de mi edad, pero a partir de la adolescencia cada vez he tenido menos. 

Por ello, me encuentro con gente mayor que yo muchas veces. Y en más de una ocasión les he dicho: "parecéis abuelitos recordando batallas..." Claro, no se ofenden, pero se ponen en alerta. Al menos se dan cuenta a qué me estoy refiriendo y me incluyen en la conversación o cambian el tema. Es de agradecer.

Pero volvamos al tema: hay pocas conversaciones a mi alrededor que no acaben en: "yo me acuerdo de pequeña/o cuando..." y ya han empezado... Y te hablan como si fueran de una época absolutamente diferente a la tuya (que tampoco hay para tanto...). Luego están los que (desde mi punto de vista) hacen el ridículo porque por alguna extraña razón quieren hacer ver que las cosas eran muy diferentes cuando ellos eran pequeños.

"Cuando yo era joven no teníamos coches como ahora". Perdona, tu no tenías coche, mi familia sí. Hay familias que hace muchos años que poseen un coche. Lo que no quiere decir que no existieran como lo plantean algunos... Es como las compresas. Hay mujeres que te hablan de una manera... parece que oiga a mi bisabuela. Mi madre siempre ha llevado compresas; no con alas y de las mil maneras que podemos encontrar hoy, pero las había... ¿Por qué pretenden ser más viejos de lo que son? ¿Intentan disimular que en su familia había creencias estúpidas de ignorantes? ¿Que el hecho que ellos no vivieran cómodos era normal? ¿Qué hay de malo en el pasado familiar? ¡Nada!

Por ejemplo: años 60, suena lejos... Pero pensemos: los Beatles, la minifalda, los colores, los bailes, los hippies, los Rolling Stones, etc... ¡Eso no es la prehistoria! ¡Es una década de liberaciones! Me repito como una cotorra pero siempre es lo mismo: EDUCACIÓN. Y ya no de protocolos, educación cultural, conocimientos.

En fin, que estoy preocupada... Porque sólo veo aspectos a mi alrededor que me recuerdan que yo también me estoy haciendo mayor... Pero, ¿por qué a mi no me pasa que cuando veo un edificio en un lugar pienso: "de pequeña todo esto eran campos..."? 


lunes, 11 de abril de 2011

LIMITACIONES ALIMENTICIAS

Este fin de semana ha sido agotador. Hemos tenido la visita de un amigo que no conocía la ciudad y lo hemos apadrinado prácticamente las 24 horas. ¡No he tenido tiempo para nada! Pero como hemos salido más de lo habitual, sí tengo mil cosillas que contar. 

Lo primero, hace referencia a las comidas. Yo no soy, por desgracia, una de esas personas que puede afirmar: A mi me gusta todo.

Tengo mis manías. Reconozco que algunos alimentos me desagradan, pero tampoco en exceso (creo). Pero hay gente que va muy limitada por la vida. No les gusta casi nada. Y claro, ir con ellos a comer es un martirio, porque sabes que sólo puedes ir a un cierto tipo de restaurantes, nada de improvisaciones, nada de experimentar (que no era el caso de nuestro invitado).

Que manera de perderse cosas de la vida... Entiendo que algunas cosas se hagan duras de probar: yo no probaría cerebro de mono (que aunque está prohibido, me consta que todavía lo sirven en algunos rincones del mundo). Pero lo que no puede pasar es que un grupo entero queden para ir a un restaurante nuevo y uno de la nota porque esto no me gusta, lo otro me da asco, etc. A parte que acabas quedando como un mal educado.

Desde mi punto de vista, el paladar también se educa. Tengo claro que normalmente los hijos cogen las mismas manías que los padres. Así que si a los padres no les gusta la cebolla, sus descendientes acostumbran a no ser amantes de la cebolla. Es simple.

Tengo una amiga que da la nota siempre. Casi no le gusta nada de nada. No le gusta la carne "que tiene mucho gusto a carne" (¿eing?), no le gusta el huevo demasiado hecho ni tampoco demasiado crudo, no le gusta las salsas, etc. Un no acabar de no me gusta... 


Y luego viene la parte divertida: la disección del plato. Les llega el plato a la mesa y lo primero es la cara de asco. Me gusta observar el ritual que hacen, me hace reír. Pero no hay para tanto, si algo no te gusta no te lo comas. Pero no, si algo no gusta lo separan a golpecitos, como si fuera un trozo de alien radioactivo que más vale no tocar, es tóxico.

Y ya el colmo es cuando se lo quieren sacar del plato. A veces la gente no quiere que le traspasen más alimentos, ni tan siquiera su propia pareja. Pero algunos se empeñan en sacar del medio los alimentos "tóxicos". Total, acaba siendo un circo con un trozo de comida en suspensión que no se sabe dónde meter y que muchas veces termina cayendo encima del mantel. ¿No les da vergüenza? 

Hay que tener un poco de capacidad de ir por el mundo. No puedes se puede ser tan quisquilloso con todo, a no ser que un alimento pueda provocar un claro dolor para la salud de uno. Entonces nada de lo anterior es aplicable, excepto que no hace falta poner cara de asco. 

Como siempre, el origen es una educación. Incluso si yo me veo limitado, no quiero que mis hijos vivan esa limitación. Eso hacer menos libre a una persona. Pero por lo que veo no todo el mundo comparte mi opinión...

miércoles, 9 de marzo de 2011

APÁRTATE UN POQUITO... ¿Y POR QUÉ TOCAS?

La semana pasada nos encontramos por la calle con unos amigos que hacía tiempo que no veíamos. Tuvimos una alegría, nos saludamos, nos preguntamos qué tal la vida, dijimos aquello de "tenemos que ir a cenar algún día" y esas cosas. El caso es que él, tiene una manía que me pone de los nervios: cuando te habla se acerca mucho a tu cara.

Es una actitud que me pone muy nerviosa. Hay una serie de personas que cuando te hablan se te acercan como si te fueran a morder. Y te van hablando, y hablando. Supongo que no se dan cuenta. Pero el hombre me iba hablando y yo iba retrocediendo poco a poco. Así como quién no quiere la cosa hacia un pasito atrás. Luego cambié de postura buscando algo en el bolso, etc. Cualquier excusa porque me pongo nerviosa con su proximidad. 

Es que no lo puedo evitar. Se ponen a dos dedos de tu cara y siguen hablando. Y tu, en lugar de atender a la conversación, estás más pendiente de alejarte. Y claro, me estresan... Tampoco hay una distancia exacta a la que uno deba estar, pero ese complejo de perro yo no lo soporto. Es como si necesitaran acercar los hocicos para oler...

Os lo tomaréis a cachondeo, pero incluso un día, con una de de estas persona que te hablan a dos dedos me pasó un accidente. Yo iba retrocediendo poco a poco, y él venga a acercarse. Evidentemente, cuando llevas 10 minutos hablando, la posición inicial queda un poco lejos. No tuve en cuenta lo que había atrás: había una escalón. Y cómo si de un precipicio se tratara me caí. A parte de hacer el ridículo en medio de la calle, encima tienes que excusarte como si fueras una torpe cuando en realidad lo que pasa es que por su culpa me he visto obligada a caerme... Ahora antes de moverme miro a mi alrededor, porque podría pasar algo peor que caerme de un escalón...

Luego está el tocón. Aquella persona que te va tocando cuando hablas. ¡Uf! Qué pesadez... Una mano en el hombro, luego en el brazo, un golpecito... Vale, ya lo sé, buscan complicidad en sus frases o en su discurso. Oye, ¿no pueden buscar esa complicidad con una palabra? Tanto golpecito (que acostumbra a ser en el mismo sitio) al final acabas con un moretón o con la zona enrojecida. 

Los tengo fichados y cuando vamos a una cena o una comida procuro no sentarme al lado. Al final tendré que coger un escudo a ver si lo entienden. O podría fabricar un sistema para que tenga una pequeña descarga cuando te toca. Así al final no te tocan porque saben que se electrocutan... 

Pero hablando en serio, no sé cómo hacer para que no se acerquen a dos centímetros de mi cara o para que  no me den golpecitos. No he encontrado la solución... ¿Alguien me puede dar un remedio por favor?

viernes, 4 de marzo de 2011

PERDONA... TE HUELE EL SOBACO


Hoy en el trabajo había una persona que desprendía un olor insoportable... No me digáis que no habéis conocido nunca a nadie que le huela el sobaco... Seguro que sí, esa aquella situación incomoda en la que una vez lo has olido no puedes parar de pensar en ello, aunque siga la conversación y voy pensando: por favor que no se acerque...

Sobretodo pasa, que en esa flor de adolescencia que todos vivimos, hay algunos que empiezan a emanar ciertas olores que resultan ser la comidilla de todos. Tampoco lo veo bien, pero es que decirle a alguien que huele mal es muy violento... 

Pero yo, si mi hijo o mi hija empezaran a oler mal, se lo diría. Sin dudarlo, ya sabemos que se van a volver en objeto de burla. ¡Pues díselo! No lo entiendo... a lo  mejor es que sus padres no tienen olfato. Eso sí que no tiene explicación; que sus padres no les digan: "cariño, hay que poner remedio a ese olor corporal".

Luego pasan los años y la mayoría dejan de oler mal, bien porque sus cambios hormonales se han estabilizado o porque han puesto remedio a ello. A veces no es que no conocieran el gran invento del desodorante o la ducha, sinó que tenían un problema que visitando un médico ya han solucionado. 

Pero hay unos cuantos, que aunque hayan pasado los años, siguen oliendo mal... Ese es el gran problema. Y muy pocos son los tienen realmente un problema físico; lo que tienen es un problema de higiene.

Yo soy una persona a la que le molestan mucho los olores. Cuando un olor me resulta desagradable, casi me mareo. Cuando era adolescente y iba en autobús, me resultaba asqueroso tener que oler a sudado a las 8 de la mañana. Eso no es tener un problema, eso es ser un guarro. Y no eran trabajadores de turnos nocturnos. Así que, ¿cómo puedes oler mal a las 8 de la mañana? ¿Cómo olerás a las 5 de la tarde? Por eso, y otros motivos, nunca voy en transporte público. Que pereza...

Luego está el que se pone la típica colonia de supermercado como si se duchara. Venga S3 por un tubo... Y se nota, se nota mucho que lo que pasa es que no se han duchado. Y es peor porque luego, ya que  sudado + sudado = olor indescriptiblemente fuerte.

Que hay mucho guarro por el mundo ya lo sabemos, y si ellos no lo ven un problema, los que estamos a su alrededor y sufrimos ese mal olor sí lo vemos un problema. Pensad que asqueroso es que nos estemos tragando partículas del sudor de esos malolientes... Tampoco hace falta hacer como en el anuncio aquel de DOVE de un desodorante en el que alguien daba un beso en la axila de otro, curioso acto, no me digáis que no... Pero está claro que deberían poner un remedio. Si no lo ponen, hay varios sistemas al que podemos acudir:

1.- Regalarle un desodorante anónimamente o como regalo de amigo invisible. Es un sistema sútil pero clarísimo. Dicen que a buen entendedor, pocas palabras bastan...

2.- Comentar, como quien no quiere la cosa, que hay gente que huele mal y que hay que es un asco (sin referirse a la persona, claro. A ver si se da por aludido. O sacar el tema: "Un pregunta, ¿vosotros preferís roll-on o spray? Es que quiero cambiar de desodorante... ¿Tu cuál usas?"

3.- Comentarle que con el desodorante se liga mucho. Los anuncios avalan grandes estudios sobre el tema... Le podéis preparar un DVD con los anuncios de AXE.

4.- Si nada funciona hay que ser directos pero no herir: "Perdona, creo que hoy te has olvidado el desodorante, eh?" y poner una comprensiva sonrisa.

5.- Si aun así, sigue oliendo mal hay que ser directo: "Oye, hueles mal. Ponle remedio porque estar a tu lado es mareante..."


¿Alguien conoce algún sistema más? Porque siempre es bueno saber estrategias para combatir el mal...


miércoles, 2 de marzo de 2011

DE VIAJE: LAS MALETAS

Hoy tengo un noticia fantástica: ¡Me voy de viaje!



Mi príncipe, unos amigos y servidora nos vamos la próxima semana de viaje. ¡Me hace una ilusión bárbara! Hace tiempo que tenía mono de avión... Y eso me ha hecho pensar en que tengo que hacer la maleta (sí, ya lo pienso ahora). Lo confieso: me encanta hacer maletas... Es como un hobby. De un acto tan natural yo hago todo un ritual. 

Primero, miro el parte de la previsión meteorológica; luego cojo papel y pluma (nada de lápiz), y me pongo a hacer una tabla con los días que estaré fuera. Y hago cuentas, así se a la perfección cuanta ropa necesito.

Pongo una música de fondo, y me relaja muchísimo. Yo trabajaría haciendo maletas. Me encantaría que la gente me dijera: "Oye, ¿puedes venir a hacer la maleta?" o "¿Me enseñas a hacer la maleta?". Porque queridos amigos, tengo un don para hacer maletas. Tengo un sistema especial para hacer caber muchas cosas en la maleta y que la ropa nunca llegue con arrugas... Camisas bien dobladas, trajes... lo que sea. 

Y seguro que mis lectores habituales están pensando que soy de esas que se lleva todo lo que puede y más. Pues no, yo me llevo lo justo. Y tengo mis cositas adaptadas a tamaño viaje como serums, secador, perfume, etc. Todo igual pero en miniatura. Hay que reconocer que en invierno la cosa es un poquito más complicada; la lana ocupa mucho espacio...

Porque hay gente que no tiene ni idea de hacerse una maleta. Calculan mal y acaban poniendo de todo y más. Y se dejan lo importante. Una vez fui de viaje con unas "amigas" y cuando una de ellas abrió la maleta aluciné: no estaba ni tan siquiera doblado. Más que una maleta parecía la ropa sucia... Eso sí, ella toda mona siempre. Incoherente, mire por dónde se mire. Ya sabemos que es un poquito desordenada... Realmente, una maleta te puede contar muchas cosas de una persona, a parte de la colocación, podemos ver qué considera importante tener con ella cuando está fuera de casa. 

Cuando llego al hotel, sea para una noche o para cuatro, la deshago toda y coloco la ropa en el armario. Me encanta verlo todo ordenado y en su sitio. La gente alucina, lo ven inútil. Puede que sí, pero yo me siento muy bien. Y a mi príncipe, obviamente, le encanta...

Y luego está qué tipo de maleta llevas. A mi gusto, las mejores son las de cuero envejecido, si son auténticas mejor que mejor. Pero cuesta encontrarlas. En su defecto, hay que reconocer que las maletas de Louis Vuitton son una pasada. Me encantaría tener toda una colección entera con tamaños y formas. Y si no, unas conjuntadas quedan súper bonitas en mis manos. 

Así que ya lo sabéis, si necesitáis hacer una maleta estupenda, contactad conmigo y os contaré el sistema mágico...





sábado, 26 de febrero de 2011

NO PUEDO PARAR DE MIRAR

El otro día, comiendo con mi príncipe, nos interrumpió un señor para saludar y decir cuatro tonterías. No es que no le veamos de vez en cuando, al contrario, casi siempre que vamos a ese restaurante lo vemos. Y el señor, decidió que era un buen momento para hablar...

Me molestó mucho su actitud, porque era para decirle: "Oiga, no ve que estamos hablando? Salude, charla normal y adiós...". Pero el hombre no paraba de hablar de su trabajo y de otras cosas. A parte este hombre me pone muy nerviosa porque es de esos que no me mira a la cara nunca, sólo mira a mi príncipe. Y vale que la amistad la tiene con él (tampoco se le puede llamar amigos, son conocidos). Pero en esta ocasión decidió mirarme de vez en cuando, cosa que agradezco.

El caso es que una de las veces que me miró mientras hablaba, vi que tenía entre la boca y la nariz una cosa enganchada. No sé si era una pelusilla o algo peor. No quiero saberlo. ¡El caso es que me fijé en eso y ya no podía mirar otra cosa! Qué horror, siempre me pasa lo mismo. Cuando alguién tiene un moco o un pelo o lo que sea dónde no toca no puedo parar de mirarlo... ¡Y lo paso muy mal!

Y el hombre venga a hablar y ESO venga a medio moverse. Yo pensaba, al final se le va a caer, pero no, no se caía nunca. 15 minutos de charla y el hombre con ESO pegado al lado de la boca... Que angustia... 

Pensaréis que soy muy mala persona y que se lo podía haber dicho. Si la persona es próxima a mi, obviamente le digo: tienes algo justo ahí. Pero si no le tengo confianza, no me atrevo a decírselo. No sé exactamente `por qué, ya que tampoco pasa nada, pero puede que sea como decirle descuidado o sucio y no se puede ser así tampoco. Pero os aseguro que fue un calvario aguantar viendo eso como se movía. Y os juro que soy incapaz de mirarlo a otro lado una vez lo he detectado...

Aún hay una situación peor: el que cuando habla acumula saliva a los lados de la boca o en el medio... Aaaarg! Es muy asqueroso, y tampoco le puedes decir: "Oye se te acumula la saliva como una baba de caracol", o "Se te está quedando la saliva acumulada en los lados, traga un poco". 

Y otra vez en la misma situación: no puedo parar de mirar justamente aquello y a la vez me da un asco que te mueres... ¿Soy yo la rara? ¿Os pasa alguna cosa similar a vosotros?