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miércoles, 9 de enero de 2013

REBAJAS 2013

Ayer hice lo que nunca en mi vida había hecho: fui a las rebajas.

Como sabéis por años anteriores, no soporto las rebajas. Más bien, no soporto las colas, demasiada gente como buitres y el entorno de las rebajas en general. 

Una amiga me dijo que quería ir y yo, quería verla a ella, así que quedamos en un centro comercial. Pensé que dadas las circunstancias en las que se encuentra el plano económico, tampoco encontraría demasiada gente y menos porque era un día laborable y por la mañana. 

No fue horrible, pero en algunas tiendas había muchísima gente. Obviamente, esas tiendas eran las LOW COST. Entré por primera vez en PRIMARK. Juro por todo lo sagrado que no volveré a poner los pies en ese almacén de desorden y de prendas sintéticas que me provocaron alergias sólo con verlo. Qué horror de tienda por favor... Incluso la cesta que ofrecen es grotesca e incómoda. Dos personas cruzándose por un pasillo con aquel monstruo de cesta o tiran alguna cosa o chocan inevitablemente...

Montones de ropa haciendo equilibrios como pirámides arrugadas y tocadas por todos lados. Había tanto desorden, que no era capaz de ver demasiado lo que vendían. Zara a veces puede dar este aspecto, pero no es exactamente lo mismo. No sé por qué, pero era un poco diferente. Aunque también huyo de Zara en estas condiciones. Mientras andaba por ahí, pensaba en los pobres trabajadores que tendrían que poner orden a todo aquello... Todo el trabajo de visual merchandising arruinado con solo una horas de rebajas... Entiendo que estamos en rebajas, pero la gente es una marrana y una maleducada. ¿Qué cuesta dejar la prenda en condiciones aceptables y no como una bola? 

Pero he de reconocer que encontré dos cosas que me gustaron y las compré. No en estas tiendas. Cuando ves la cola que hay que hacer para pagar, al menos yo, decido no comprar nada. Pero la experiencia no fue tan mal... Algún que otro choque con personas (normal con tanta gente mirando a todos lados menos al frente), pero nada fuera de lo normal.

Este 2013 empieza con novedades: ¡He ido de Rebajas! Aunque lo mejor fue pasar el día con una amiga charlando y opinando de la vida. 





viernes, 26 de noviembre de 2010

ME ATIENDEN A MI, GRACIAS

Hoy he ido a comprar en Sephora un regalito para mi sobrina. He estado un buen rato mirando y entonces ha llegado una amable señorita para pedirme si necesitaba ayuda. Después de contarle lo que buscaba, me ha enseñado todo de cositas y cositas (por cierto me hubiera llevado media tienda) hasta que he dado con lo que quería.

¿Os podéis creer que a lo largo de este proceso nos han interrumpido tres veces? Por qué sí, porque a la señora X le apetece preguntarle a la señorita del Sephora lo que sea: “¿Oye, esto cuánto vale?” “¿Sabes si esta crema está en otro tamaño?” “¿Me puedes decir qué diferencia hay entre este producto y el otro?”

Pero bueno, ¿no ves que me están atendiendo a mí? ¿No ves que estamos hablando, intentando mantener una conversación o que estoy pagando? No puedo entender a la gente… ¿Qué clase de egocentrismo lleva a ir por el mundo pensando que vas sólo? ¡La gente ha esperado su turno! Y estoy más que segura que si se lo hicieran a estas mismas personas, se enfadarían.

No lo entiendo. Y lo peor de la vida es cuando la pobre señorita de las tiendas les tiene que decir: “¿Puede esperar un momento por favor? Ahora la atiendo, es que estoy con esta señorita.” Que vergüenza pasaría yo si me dijeran estas palabras…

Pero esta clase de personas no siente vergüenza, sencillamente hacen lo que quieren. Les da igual el resto. Y no me digáis que soy exagerada, porque si aplicamos el mismo patrón en la cola del supermercado, tod@s estaréis de acuerdo en que no es normal que estéis haciendo cola y una persona decida pasar delante sin más motivo que su propia decisión.

Pero aún existe una situación peor: cuando la señorita que te atendía decide hacerle caso a la persona intrusa pasando de ti completamente. Es decir: le importa muy poco tu tiempo y la otra persona parece tener algo que la hace más importante para decidir que es de vital importancia dedicarse a ella en lugar de a ti.

Cuando me ha pasado esto (un par o tres de ocasiones en mi vida) me he acercado con tranquilidad a la señorita de la tienda y las he interrumpido: “¿Perdone, hay algún motivo por el cual usted ha decidido dejar de atenderme y dar prioridad a está persona mal educada?” Siempre viene un silencio y luego un “no hay para tanto, era sólo un momento, no se ponga así, etc.”

O sea, que al final, en su egocéntrico y limitado punto de vista, yo soy la mal educada.